22 de julio de 2017

No vuelvas a quemarme con la plancha y te lo juro, no tiraré por el balcón tu gato nunca más.


A veces, te odio tanto, que te cortaría en trocitos con el filo de una hoja de papel y los mandaría por separado y por correo aéreo a diversos puntos lejanos entre sí del planeta envueltos en unas lindas cajitas con lacitos rosas hechos con amor, y otras, te comería con las manos como a un muslo de pollo, una mazorca de maíz, un huevo frito, mojando pan, dejando que resbalara por mi boca abajo un caldo de sandía, que mis ojos en blanco, que la sed, que la carne del verbo, que chuparse los dedos, hasta lo salvaje, hacia lo más terriblemente cierto.

A veces te arrancaría el corazón y lo metería en el microondas hasta que reventara como un puto globo. Otras te la meto tan al fondo que te enciendes como una bombillita, y lo gritas todo, todo, todo.
A veces, pero ya no sí no; la mierda de caballo; la horda qué eres; mi Jekyll and Hyde; los restos de naufragio; los solos de trompeta; cristales rotos. Otras cunnilínguicos y sofisticadamente cerdos, habitantes del almíbar, barquitos de papel surcando espejos, piezas de Lego, lombrices que se abrazan en el barro.

A veces, mientras duermes, pienso cosas raras. Otras, cuando despiertas, aún sigo ahí. Como un milagro.

A vces me fltan ls plbras, pra expsr l asco que m das.

Otras me invento que Ayaynoparessiguesigue, es nuestro himno nacional.

18 de julio de 2017

Yo me perdono


A mi manera, soy feliz. Soy feliz viendo como dan vueltas las bolsas de plástico en el suelo, como giran y giran sin moverse nunca del mismo sitio y de repente, un aire se las lleva a vivir grandes aventuras. Pero no soy feliz cuando un señor don jefe quiere subirme el sueldo para que se la chupe. Yo ya te la chupo si eso a lo mejor un día. Pero no me sobornes cabrón. Soy feliz en realidad con casi cualquier cosa. Si me encuentro una piedra bonita, la guardo en el bolsillo y soy feliz. Si casi me mata un automóvil porque voy distraído pensando en tonterías, soy feliz. Porque no me ha matado. Soy feliz cuando veo el sol otro día más y pienso, joder, no hay quien pueda contigo mundo, ahí estás otra vez, radiante, a pesar de tanto hijo de puta suelto. Soy feliz cuando mojo las galletas en la leche. Cuando alguien me quiere joder el día. Porque de paso saco a mear a los lobos. ¿Por qué la gente se empeña en tocarnos los huevos? ¿Se aburren? ¿Es una hormona? ¿Disfrutan? No lo sé. Ni quiero. Cada vez me interesan menos cosas. Y otras, más. Los violines por ejemplo. ¿Lloran? ¿Se ríen? ¿Van por la noche a la nevera a comer helado? Soy feliz cuando menos me lo espero. Cuando me traga por ejemplo la boca del metro y delante, en las escaleras mecánicas, una flor se pasa por detrás de las orejas la melena y así con toda aquella tormenta pelirroja al viento va dejando tras de sí ese olor a magdalenas y a vainilla y a pecas que lo hace soñar a uno que de un momento a otro se va a volver y va a decirte que te quiere y que eres el amor de su vida y que quiere tener muchos niños contigo y que por qué no empezamos ahora, aquí, antes de que lleguemos abajo y despertemos. Soy feliz cuando meto la mano en el bolsillo y me encuentro una piedra bonita. Cuando escucho a los músicos ambulantes cagarse en la vida con sus altavoces a toda hostia y esa sonrisa en la cara de me la pela todo, menos mi puta guitarra. Vete a tomar por culo, Marie Louisse. Pero no soy feliz cuando alguien quema al tío que dormía en el cajero con gasolina. Soy feliz cuando dejo la cama sin hacer. Cuando debajo de la lluvia. ¿Que para qué? Para mojarme. Soy feliz cuando me quedo sin un céntimo, y algo en mí me recuerda que no es tan importante. Soy feliz mirando el cielo. No sé exactamente para qué. Pero es que es tan azul. Soy feliz conmigo a solas. Aunque tenga esta cara. Soy feliz si me equinoccio, total, cualquiera se equinoccia, el caso es aprender a ser más humano. Soy feliz cuando escucho las sirenas en la noche de los coches de la policía y los perros ladrándole a la luna en los charcos y el borracho de la esquina vomitando otra vez en el parquímetro y sé que la vida continúa. Soy feliz cuando me asomo a una ventana y no tengo ganas de saltar. Soy feliz con un trozo de pan. Con todas estas cicatrices. Con este pelo blanco. Cuando suena este vals. ¿Lo escuchas? Es lo bueno de estar un poco loco, que puedes tener toda una orquesta en la cabeza completamente gratis. Soy feliz con tantas cosas que a ratitos soy feliz. Mi tren se va, por cierto. Ya vendrá otro. Al fin y al cabo, esto es una estación.



17 de julio de 2017

Click

Era bonito cuando yo te cortaba de ras la cabeza en la fotos con unas tijeras.
Cuando explotaba  algo y cambiaba de pronto el color de las paredes.
Cuando si alguna vez la tuve me quitabas la razón y le ponías
encima un par de huevos fritos
y mojabas pan y me mirabas así tan fijamente y me decías
pásame la sal.
Y estábamos tan vivos y brillabamos tanto que el fuego podía verse desde lejos.
Y mi espada y tu espada buscando el corazón.
Y aquella sangre hirviendo como conjuro de  caldero.
Y las balas silbando otra vez nuestra canción.
Era bonito como el hongo de Hiroshima
hacer presa en la  carne como perros.
Morir una y otra vez en el intento
sin que ninguno usara la toalla de bandera blanca.


Y también era triste. 
Triste y pequeño como un pájaro muerto en mitad del jardín .

16 de julio de 2017

Complain


Los padres de la tierra agarran a sus hijos por detrás mientras aprenden a montar en bicicleta y sólo los sueltan cuando saben que están preparados para decir, mira papá, yo solo. Los padres de la tierra, como están hechos de barro, enseñan también a sus hijos a mantener alta la frente, a no arrodillarse ante nadie, y a que no vas al infierno si no te comes toda la sopa. Los padres de la tierra, si se equivocan, piden perdón desde los pies de la cama. Y luego te leen un cuento. Uno con espadas o dragones o barcos que zarpan a quién sabe qué mar en busca de tesoros. ¿Tú sabes leer cuentos?
Los padres de la tierra van a la final de la liga de fútbol del colegio a verte. Se sientan allí con sus caras de tonto a gritarte que eres el mejor, que tú puedes, que recuerda, todo lo que no se intenta, es un fracaso. Y aunque no metas un gol, ese día puedes comer todo el helado que quieras. Estos padres de carne cuando te abrazan, están tibios y suaves y están bonitos cuando te secan la cabeza con una toalla. Te cogen de los mofletes así y y y aunque quisieras cortarle las manos, en realidad estás deseando, y aunque todavía no lo sepas, cuando seas grande y llegues al mueble donde mamá guarda las galletas de chocolate, te acordarás de cosas como esas o de como al apagar la luz, desde la oscuridad, su voz te decía, no tengas miedo, yo estaré aquí, al lado.

Tú dices que estás en todas partes.

13 de julio de 2017

El hermano feo de Pitágoras

… mi vida sería sencilla como un martes
como un bate de béisbol
como un huevo cocido
y una media luna en el hall donde colgar el sombrero.

Te echaría de menos, claro, como si tuviera
una pata de palo
o mucha mucha sed.

...caminaría tanto. Sería tan.
Sin reloj de pared sin peine sin zapatos.
Sin tener en qué brazos morir cada noche.
Dormir en una rama.
Dejar atrás Yakarta, Illinois, Shangri-La.
Sin preguntarle al mar más tonterías.

Director de una orquesta de grillos
apagador de bajovientres
funambulista en la barra de un bar
doctor en gases nobles, cualquier cosa.
Ya nunca más sería grande. Ni me pondría una corbata.

Habría días, como meadas cuesta abajo sin ti.

Podría disparar a los patos poemas y corcheas
cabalgar en tío vivo; montar en avestruz; no quitarme nunca la nariz de payaso.
Podría ser, feliz.
Incluso.
Quién sabe.